Cada pareja que llega a consulta tiene su propia historia, pero casi siempre hay algo en común: la sensación de estar dando vueltas a la misma discusión sin llegar a ningún sitio. No es un problema de falta de amor, casi nunca. Suele ser un problema de comunicación que se ha ido enquistando con el tiempo, hasta convertirse en un patrón difícil de romper solos.
Cuándo suele pedirse ayuda
Hay momentos que llevan a una pareja a pedir ayuda con más frecuencia: discusiones que se repiten siempre por lo mismo, una distancia emocional que se ha instalado poco a poco, una infidelidad que hay que decidir cómo afrontar, la llegada de un hijo o una mudanza que ha removido el equilibrio, o simplemente la sensación de que ya no se habla de lo importante. No hace falta estar en crisis para venir: muchas parejas acuden cuando quieren cuidar la relación antes de que el desgaste vaya a más.
Cómo son las sesiones
Trabajo con las dos personas presentes, en un espacio donde cada una pueda hablar sin sentirse juzgada ni interrumpida. Al principio dedicamos tiempo a entender qué ha pasado y qué necesita cada uno, y a partir de ahí construimos, juntos, herramientas concretas: cómo discutir sin hacerse daño, cómo pedir lo que se necesita sin dar por hecho que el otro lo adivina, cómo recuperar la confianza cuando se ha roto. No se trata de buscar culpables, sino de entender la dinámica que se ha creado entre los dos y cambiarla.
Qué pasa en la primera sesión
La primera cita sirve para conocernos y para que me contéis, con calma, qué os ha traído hasta aquí. No hay que llegar con un guion preparado ni con las cosas claras. A partir de ahí valoramos juntos cómo enfocar el proceso y con qué frecuencia conviene venir.



